La fabricación digital como herramienta de aprendizaje significativo
Una trayectoria docente en evolución
Mi trayectoria en el Grado en Multimedia comienza en el año 2017, con las asignaturas de Narrativa Interactiva y Usabilidad. Desde el principio, combiné la docencia con la participación en procesos de diagnóstico y rediseño del programa, contribuyendo a adaptarlo a nuevos contextos educativos y tecnológicos.
En 2022, se incorpora al Grado de Multimedia la asignatura de Fabricación Digital, que yo misma había diseñado e iniciado en los grados de Diseño y Creación Digitales y de Artes. Con su incorporación, asumí también la coordinación y docencia dentro del programa de Multimedia, convencida de que la educación puede ser una experiencia transformadora.
Al principio, la asignatura se centraba en conocer herramientas tecnológicas como impresoras 3D o cortadoras láser. Pero pronto entendí que solo tenían sentido si se ponían al servicio de un aprendizaje profundo y conectado con la realidad. Eso marcó un punto de inflexión: pasamos de “¿qué podemos fabricar?” a “¿por qué y para quién lo fabricamos?”, orientando el trabajo hacia proyectos con propósito.
Este cambio fue acompañado de una revisión constante de las estrategias docentes. En un entorno virtual, el reto era incorporar la materialidad y la práctica tangible. Mediante enfoques creativos, adaptamos la fabricación física al aula en línea, promoviendo el uso de laboratorios de fabricación y el trabajo colaborativo. Esto aumentó la motivación del alumnado, que valora poder materializar sus ideas y pasar de la pantalla al objeto.
La fabricación digital como herramienta pedagógica
La fabricación digital es para mí mucho más que aprender a usar máquinas. Es una vía para estimular la curiosidad, el pensamiento crítico y la creatividad. Crear prototipos y objetos tangibles permite que el estudiantado entienda que el error forma parte del proceso y que se aprende tanto de los aciertos como de los fracasos.
Este enfoque conecta saberes de distintos ámbitos —diseño, tecnología, arte, ciencias sociales— y convierte el espacio de aprendizaje en un entorno de experimentación sobre problemas reales. Así, se fomenta el uso consciente de la tecnología como herramienta para comprender y transformar el entorno.
Otro pilar clave es fomentar una mirada crítica sobre la tecnología. Durante los proyectos, cuestionamos su papel y sus impactos sociales y ambientales. Hablamos de sostenibilidad y de implicaciones éticas. Este espíritu crítico, combinado con la creatividad, hace que la fabricación digital sea mucho más que una competencia técnica: es un recurso para el aprendizaje significativo. Diseñar y materializar una pieza ayuda a comprender conceptos, resolver problemas y desarrollar habilidades de colaboración y comunicación.
Aprendizaje-servicio y transformación social
Uno de los momentos más significativos de mi trayectoria fue incorporar el aprendizaje-servicio a la asignatura. Quería que los proyectos del estudiantado tuvieran un impacto real y positivo fuera de la universidad. Así nació la colaboración con El Llindar, una escuela de nuevas oportunidades para jóvenes que habían abandonado los estudios.
Con El Llindar co-creamos retos donde el alumnado de la UOC desarrollaba soluciones para necesidades reales de sus estudiantes. Un proyecto especialmente destacado fue el diseño de kits educativos manipulativos, creados mediante fabricación digital y adaptados al contexto de estos jóvenes.
La experiencia enriqueció a todas las partes: los jóvenes recibieron materiales útiles y adaptados, y los estudiantes vieron cómo su trabajo podía tener una utilidad social tangible. Este tipo de proyectos promueve una transformación social concreta y situada. Generan vínculos entre la universidad y su entorno y ofrecen experiencias de aprendizaje con sentido. Trabajar con objetivos reales incrementa el compromiso y conecta conocimiento y acción. Para El Llindar, supuso acceder a soluciones personalizadas que el sistema educativo tradicional a menudo no contempla.
Un espacio de co-creación y conexión
La asignatura de Fabricación Digital se ha convertido en un espacio de co-creación con agentes educativos y culturales. Cada semestre, el estudiantado se relaciona con personas y entornos externos a la universidad, ya sea colaborando con centros como El Llindar o participando en eventos de la comunidad maker.
Estos intercambios enriquecen profundamente el proceso educativo: el aprendizaje va más allá de la plataforma virtual y se construye en comunidad. Incorporar la dimensión tangible y abrir la universidad al entorno social ha tenido un impacto positivo en la manera de aprender y enseñar. El estudiantado no solo asimila conocimientos técnicos, sino que desarrolla una mirada atenta al contexto, una actitud colaborativa y la confianza para emprender proyectos con sentido.
Mi trayectoria en esta asignatura me ha confirmado el valor de una educación abierta, crítica y arraigada en la realidad. Mirando atrás, me siento agradecida de haber contribuido a un programa que desde hace 25 años apuesta por estas formas de entender la educación, e ilusionada por todo lo que aún podemos fabricar juntas en el futuro.


