Cinco palabras sobre Multimèdia
Las cinco palabras clave elegidas pueden parecer inconexas, pero están muy relacionadas entre sí. Probablemente porque todo empezó como un reto. ¿Cómo iniciar algo que prácticamente no existía? ¿Cómo virtualizar cosas que siempre habíamos vivido cara a cara? ¿Cómo acostumbrarse a un ritmo absorbente, a un ir siempre falto de tiempo? Solo estaban Ferran y Loles cuando entré. Cuando más tarde, un 16 de agosto, llegó Laura, parecía que hacía siglos que me movía por aquí. Y solo habían pasado dos meses y medio. El ritmo acelerado y absorbente se convirtió en el núcleo de nuestras vidas. Todos nos embarcamos en un reto compartido en el que teníamos que aprender unos de otros y, más allá del grado en sí mismo, debíamos compartir muchos momentos de la vida.
Veinticinco años en temas como multimedia es una eternidad. Formé parte del equipo del grado desde el principio, desde el siglo pasado, de hecho. Yo venía de trabajar en audiovisuales, de realizar tareas de formación en el Departamento de Enseñanza y de hacer un programa de televisión educativa para el Canal 33. Para mí, la fotografía o el vídeo eran algo estrictamente presencial.
Cuando entré en la UOC, el primer encargo que me hicieron fue diseñar un curso de vídeo online. No dije que en un primer momento no sabía por dónde empezar, claro. Del mismo modo que no sabía cómo comenzar, también estaba seguro de que se me ocurrirían caminos y que lo sacaría adelante. En ese momento, pensar en el vídeo online era un reto importante. Aún faltaban cuatro años para que aparecieran YouTube o Facebook. Era una época en la que descargar un archivo de 1 Mb implicaba varios minutos de espera con un módem que emitía mientras tanto una melodía continua de pitidos y silbidos. Entonces, si era imposible no solo publicar sino también enviar clips de vídeo online, ¿cómo podíamos evaluar los trabajos de los estudiantes? Ahora puede parecer algo de una galaxia muy lejana (una galaxia de internet, claro), pero durante casi 10 semestres abríamos un apartado postal al que los estudiantes enviaban las PACs de vídeo que habían grabado en CDs, DVDs o ZIPs. Nosotros recogíamos esos discos y los enviábamos a casa de los PDCs. Y una vez corregidos, se hacía el circuito inverso de vuelta. Obviamente, la aparición de YouTube supuso un alivio metodológico y una agilización de los procedimientos relacionados con la gestión del proceso de aprendizaje.
En el paso de los formatos audiovisuales a los multimedia han intervenido varios factores relevantes. En primer lugar, narrativamente, el vídeo antes de la digitalización era un formato lineal, un medio en el que la narrativa se desarrollaba de forma secuencial. Al incluirlo como un elemento del multimedia, las posibilidades de interacción rompieron esta linealidad. Pasamos de concebir el vídeo como una unidad con una duración importante y una estructura narrativa cerrada a entenderlo como un conjunto de clips de corta duración, interrelacionados entre sí y a menudo dependientes de estructuras más amplias como páginas web. En segundo lugar, la aparición de las redes sociales también jugó un papel destacado en el cambio conceptual que ha experimentado el vídeo. Las redes sociales, inicialmente con un peso mayoritario de los contenidos textuales, han ido evolucionando hacia el presente plenamente audiovisual que tenemos ahora. En esta evolución, modificaron radicalmente la forma de concebir, realizar y utilizar el vídeo. Y finalmente, debemos destacar el móvil como el tercer factor que ha transformado el medio audiovisual, tanto democratizando y facilitando la producción como revolucionando el propio lenguaje audiovisual.
A lo largo de estos 25 años hemos ido modificando el proceso de aprendizaje del lenguaje audiovisual en las diversas asignaturas con contenidos de vídeo, fotografía o composición digital. Una evolución que no se detiene y que apunta ahora a temas como la Inteligencia Artificial como herramienta de creación audiovisual.


